12 Noviembre: Sabbath en Praga

He descansado como un perrillo pero todavía me duele todo. Lo de ayer fue una paliza pero mereció la pena porque hoy podemos ir más tranquis.

Después de reponer fuerzas en el buffet (los zumos están calientes, joer!) cogemos el metro enfrente del Palladium, en Náměstí Republiky hasta Karlovo Náměstí . Al salir, una impresionante estatua nos presenta al Moldova y a la nublada orilla del otro lado con la Torre Eiffel asomando.


Por la derecha del rio, saliendo de la Plaza Palackého Náměstí y también por la derecha, descendemos hasta una de las arquitecturas más típicas y sorprendentes de aquí: las casas bailarinas (Tančící dům)

Por lo visto, estas dos casas abrazadas son un homenaje a Ginger Rogers y Fred Astaire ya que evocan a dos bailarines danzantes. Cuando menos, muy, muy curiosas. Se diseño en 1992 y terminaron en 1996 y son obra del arquitecto Vlado Milunić, pívot del Sparta de Praga.


Siguiendo el río hay una isla a la izquierda que contiene un restaurante (Palacio Zofín) en un paraje encantador. Parece que los checos lo usan para ligar, je, je, je…



Al final de la isla a la derecha y con la catedral presidiendo se llega al Teatro Nacional, enfrente del Puente de la Legión (Legi Most).


Siguiendo para Narodni llegamos a la calle donde ayer cogimos el tranvía 28, pasando por delante de varios edificios modernistas.

Con éstas, volvemos a parar a la impresionante Vaclavske Námesti, la Plaza de Wenceslao, el lugar donde se inició la caída del comunismo. Plaza por llamarla plaza porque se parece más a una avenida de lo larga que es… larga y comercial. Está rodeada de hoteles, un casino y cientos de tiendas de las marcas más conocidas y comerciales. Entre ellas, un Starbucks, ideal para un descanso y descubrir que me encanta su Frappé de fresas.


Al final de la plaza, coronándola, el tremendo Museo Nacional con su estatua frontal, sus escaleras laterales y a sus pies una curiosa cruz en el suelo. Al lado, la ampliación del museo con su monolito y detrás la Ópera Nacional.


Con esto, es hora de volver a callejear al centro que todavía andamos cansados. Además, nos queda lo último… Cogemos el metro enfrente de la ópera hasta Starometská, en el corazón del Barrio Judío, Josefov. Las principales atracciones son el cementerio y las sinagogas: Pinkas y la española (con Kafka enfrente) en ; Maisel, Klausen, Alta y Vieja-Nueva en Maiselova. La más cercana al metro es Pinkas y ahí está el cementerio.


Al ser Sabbath no trabaja nadie, claro: como todas están cerradas, da igual el sentido de la visita. Además, en la calle hay carteles indicando donde está cada una.


Cercana a ellas, la milla de oro, la calle Parízská con tiendas de lujo como Rolex, Cartier, Prada y cualquiera que se precie. Para locos de las compras caras.

Ya es la hora de comer: buscando un lugar típico (todos están llenos) llegamos por fin al Pivnice Stuparská, lugar de los turistas españoles por antonomasia. No se come nada mal aunque los platos asustan: para hacer un codillo sacrifican cuatro cerdos, es una barbaridad. Parece un bar de pinchos de Bilbao, es por demás. Eso sí, la cerveza es la mejor que he probado por aquí. Soni no se arriesga y se atreve con el queso frito con fries. El codillo, rico; pero le falta un poco salsa… me ha chupado la sangre.

Con la tripa llena las cosas se ven mejor aunque dentro de una hora anochecerá así que solo resta comprar el imán de rigor, ver tiendas y tomar un cafelito para entrar en calor en Cake Shop Prague. Luego al Penny a por la cena y al hotel, que mañana espera un avión. Menos mal que no madrugamos.

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